Hay una fuerza implícita en el SI, usalo más frecuentemente que el "no", aunque lo condiciones. El SÍ siempre es un soplo de aire fresco . Es vital, chispeante, brillante. En cuanto dices SÍ tu mente se prepara para lo que va a venir a continuación. El SÍ te insufla vida de inmediato, te pone en movimiento. El SÍ ilusiona a los demás . En un mundo que parece que cada vez tenga más y más problemas, la ilusión es un motor poderoso. Mueve montañas si hace falta. Escuchar a alguien responder SÍ a una propuesta tuya te carga de energía, de ilusión. El SÍ te hace ser más optimista . Ya has dicho SÍ. No debería salir mal, ¿no? El SÍ hace que los demás estén más dispuestos a escuchar los PEROs . Si tú has dicho SÍ, ya estás en el lado de los que van a seguir adelante. Ahora los demás seguro que querrán escuchar algún PERO que provenga de tu capacidad de análisis, que seguramente aportará detalles valiosos a tener en cuenta. El SÍ es positivo aunque al final el proyecto ...
- ¿Conoces a alguien que trabaje en X? - No, pero vamos a buscarla en glassdoor.com - Mmm.. aquí dicen 70% de recomendación, no está mal... X puede ser cualquiera de nuestras empresas, de las que hemos venido gerenciando el talento de forma muy eficiente, pensando en los millenials como una especie que nos viene acompañando y obligando a ser más "modernos". El asunto es que en muchos casos, seguimos repitiendo las viejas recetas de los 80´s, enfocados en el legado de David Ulrich (1) y su maravilloso cuadrante que sigue siendo necesario, pero no suficiente. Ulrich proponía una visión matricial de la gestión del talento, donde los directores de recursos humanos entendiéramos que la administración y la gestión operativa era sólo una parte, que debía acompañarse con la función de impulsar a los trabajadores y la de gestionar los cambios y hacerlo todo, obviamente, siendo un socio estrategico del negocio, y está bien, eso sigue sobre la mesa. Pero, ¿qué más? ...