He descubierto en muchas ocasiones una gran tentación en ceder para no mostrar resistencia a los cambios.
Esta posible evasión es una de las tendencias que pueden tomar los humanos para abordar conflictos
Todos hemos estado frente a personas que en una reunión guardan silencio sepulcral y luego en los pasillos repiten: "eso no va a salir bien, pero es mejor no contradecir", "esto no va a funcionar, ya verán" o peor aún, ante un resultado adverso, declaran -en un tono hasta triunfante- "yo lo sabía"
Imagine el supuesto de alguien muy orientado a las relaciones, a quien le cuesta mucho confrontar a otros y su rol frente a procesos de transformación y/o cambio.
El tratamiento para gestionar un cambio requiere primero de un diagnóstico ¿está frente a una conducta de oposición o de resistencia?
Esta posible evasión es una de las tendencias que pueden tomar los humanos para abordar conflictos
Todos hemos estado frente a personas que en una reunión guardan silencio sepulcral y luego en los pasillos repiten: "eso no va a salir bien, pero es mejor no contradecir", "esto no va a funcionar, ya verán" o peor aún, ante un resultado adverso, declaran -en un tono hasta triunfante- "yo lo sabía"
Imagine el supuesto de alguien muy orientado a las relaciones, a quien le cuesta mucho confrontar a otros y su rol frente a procesos de transformación y/o cambio.
El tratamiento para gestionar un cambio requiere primero de un diagnóstico ¿está frente a una conducta de oposición o de resistencia?
Según Peter Bloch, citado por Germán Retana, otras manifestaciones de resistencia
son: "No tengo tiempo, lo haré el otro mes", "aquí ya nada me
sorprende", "es mejor guardar silencio que confrontar a esta
gente", "ellos no quieren cambiar, ni siquiera entienden",
"es normal que los empleados reaccionen así, poco a poco se les quitará el
enojo", "¿cómo se les ocurre hacer eso, serán necios?" Solicitar
incansablemente información, argumentar injustificadamente sin entrar en acción
y cuestionar con majadera minuciosidad la metodología de un proceso, son
también reacciones no conscientes y hasta irracionales de resistencia al
cambio.
Tanto la oposición como la resistencia se originan ante una
nueva realidad percibida como complicada y que conlleva una solución
interpretada como dolorosa, difícil y riesgosa. La diferencia es que la
oposición requiere un tratamiento racional en el que los argumentos se ponen
sobre la mesa y se resuelven con prudencia, creatividad y negociación.
En contraposición, la resistencia, dice Bloch, no se vence
sino que se trata. El agente de cambio debe estar atento a sus manifestaciones
y hacerlas notar a quienes las emiten, sin agregar juicios. Por ejemplo:
"Cada vez que le hemos planteado este cambio de procesos usted dice que no
tiene tiempo." Describir sin descalificar y luego guardar prudente
silencio, podría ayudar al "resistente" a pasar de la inconsciencia
al estado consciente, sin sentirse agredido. Habrá que confiar en la inteligencia
humana para que la reacción sea un reconocimiento de conductas que permita su
adecuado tratamiento también sobre la mesa.
Quien padece resistencia es el
último en darse cuenta, en cambio los que se oponen son los primeros en
expresarse. ¿Cuál de las dos reacciones es más frecuente en su organización?

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